Conversaciones íntimas con Truman Capote

Truman Capote es, para mí, uno de los mejores escritores del S. XX. Su capacidad para mezclar lo sórdido con lo tierno, lo superficial y lo profundo y el glamour con la paletada se me antoja muy cercana. En los libros de Capote, siempre hay algo que está a punto de romperse.

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“La experiencia sirvió para incrementar la idea trágica que yo tenía de la vida, que siempre he mantenido y que explica esa faceta mía que parece sumamente frívola; esa parte de mí que siempre está en un corredor oscuro, burlándose de la tragedia y de la muerte. Por eso es por lo que adoro el champán y me encanta alojarme en el Ritz.” T.C.

Aun en sus últimas fotos, avejentado y destruido por el alcohol, lo sigo viendo como al niño abandonado de la América profunda que fue.

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No importa todo lo que vino después (las fiestas en NY, el glamour de Hollywood): ésa era su esencia, representada por la Holly Golightly de la novela Breakfast at Tiffany´s. Igual que Holly no podía dejar de ser Lula Mae, Truman no podía dejar de ser Truman. Algo parecido le pasaba a Marilyn, íntima amiga del escritor a la que dedicó el conmovedor texto “Una adorable criatura“. Nada los consolaba.

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Dada mi fascinación por el escritor y por el personaje, no pude dejar de leer “Conversaciones íntimas con Truman Capote“, una recopilación de entrevistas del reportero Lawrence Grobel que no ha hecho más que alimentar mi mitomanía.

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Realmente, su lectura provoca la sensación de estar charlando con el genio. Nada me habría gustado más que conocer a esta personita divertidísima, con un encanto arrollador y un talento fuera de lo normal. No me cabe duda de que nos haríamos grandes amigos.

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Esta polémica foto acompañaba a la edición de su primera novela “Otras voces, otros ámitos”. De ella decía: “Yo no ví nada malo en ella. Sólo soy yo tumbado en un sofá y mirando a la cámara. Aunque supongo que parece que estoy más o menos  invitando a alguien a que se encarame encima de mí.” T.C.

La mayoría de estas conversaciones íntimas se celebran alrededor de una mesa de un restaurante de NY, donde Truman daba rienda suelta a su afición por el alcohol y su lengua viperina, sin obviar los temas más polémicos de su biografía: su enemistad con Jackie Kennedy, Marlon Brando o Gore Vidal; su homosexualidad y afición a las drogas, problemas de salud, juicios y dramas familiares. Truman aparece como un conversador brillante, que no da puntada sin hilo y al que le importaba tres pimientos decir lo que pensaba. Así, no se cortaba en describir a Meryl Steep como “un pollo”, a los hermanos Kennedy como “unos puteros” o a Norman Mailer como “un escritor sin el talento necesario para ser un gran novelista”; entre otras muchas perlas que les invito a descubrir.

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“Es la clase de fotografía que se envía a un antiguo amante diciendo: Hiciste bien en marcharte, si no, mira con qué habrías acabado” T.C.

En contra de la creencia popular, Capote se muestra también como un escritor serio y metódico, que se levantaba cada día a las 4 am para trabajar, y que pasó ocho años aislado en un pueblo perdido de Kansas para escribir su escalofriante A Sangre Fría. Lo cual no le impedía pensar que la literatura, en esencia, era el arte del cotilleo. 

El libro también desmiente algunos mitos sobre su figura, como que en realidad no era tan promiscuo como se presuponía. El escritor Jack Dunphy, que Capote le arrebató a la actriz Joan McCracken, fue su pareja toda la vida.

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Truman creó un personaje y lo llevó al extremo, lo que le funcionó para entrar en el círculo más exclusivo de NYC y convertirse en una extravagante estrella televisiva. Pero también era el literato que se presentaba borracho a las charlas universitarias y se desplomaba al grito de: “Si queréis ser escritores, ¿qué hacéis escuchando a un viejo como yo en lugar de estar en casa escribiendo?“.

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Aquellas damas de la alta sociedad que lo adoraron, fueron las mismas que le dieron la espalda cuando publicó Plegarias Atendidas, su ácida novela póstuma donde sacaba a la luz todos sus trapos sucios con especial crueldad.

Suceso ante el que Truman se preguntaba estupefacto:

“No entiendo porqué la gente se enfadó tanto ¿Qué creían que tenían, un bufón de palacio? Pues tenían un escritor.” T.C.

Y tal vez esta frase baste para comprender una de las personalidades más complejas y fascinantes del S. XX.

Cosas que los nietos deberían saber.

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Siempre he encontrado muy cursi, exagerado y poco realista eso de “este libro me cambió la vida”. Todas tenemos nuestras lecturas de referencia y, depende de quién, el oráculo puede oscilar desde Ana Karenina a El Diario de Bridget Jones. O sea, que me parece un criterio literario bastante poco fiable.

Vengo hoy, sin embargo, a recomendarles con gran entusiasmo un libro autobiográfico que no tiene nada que envidiar al del muy vivido Justin Bieber.

Comprar este libro podría parecer una cosa de hipsters, como para regalar en un cumpleaños malasañero y quedar guay por lo novedoso de su diseño (no se parece a ningún otro libro que yo haya visto), lo inusitado de su autor (un cantante más o menos underground) y el carácter indie de la editorial, Blackie Books (nombre enternecedoramente inspirado en un can). Todos estos prejuicios me asaltaron igualmente que a muchos de ustedes. Y sin embargo, creánme, resultó tener un efecto terapeútico mucho más duradero y enriquecedor que el del Lexatin. Además, no deja resaca.

Este libro es la descarnada crónica en primera persona, nada maquillada, de la vida de Mark Everett aka “E”, cantante de Eels. Un tipo al parecer muy laureado, auténtico y tal, al que yo, confieso, apenas conocía por una canción que forma parte de la banda sonora de ese icono de los 90 llamado Trainspotting.

Sin ser fan yo de E ni nada de eso, me dispuse a comprar el libro alentada por una amiga. Desde ya las animo a compartir sus descubrimientos culturales con sus allegadas, es mucho más enriquecedor que la Wikipedia.

Confieso que leí Cosas que los nietos deberían saber en una época particularmente jodida en lo personal y lo profesional, y que leerlo fue como meterme durante varios días en una bañera de agua caliente con una copa de vino.

No porque sea complaciente (que no lo es), ni de autoayuda (término espantoso y vergonzante), ni positivo (basura marketiniana para encandilar a incautos)… simplemente está escrito por un tío bastante atormentado y neurótico, con poca suerte fuera del mundo de la música, que te cuenta sus peripecias -algunas verdaderamente dramáticas-, lo disfuncional de su familia y de sus relaciones amorosas… para acabar concluyendo, sin atisbo de idealismo, que la vida es un regalo maravilloso aunque venga envuelto en un papel de los chinos, sin garantía, sin instrucciones y sin pilas de repuesto.

No voy a desvelar aquí más sobre el contenido del libro, creo que basta con decir que lo he regalado a varias personas a las que quiero de verdad cuando las he visto en un mal momento.

Lean Cosas que los nietos deberían saber, aunque lleguen a la menopausia sin vástagos. Serán un poco más felices, más sabias y más benévolas consigo mismas.